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Soy un dejado

No suele ser ésta la forma más lógica o atractiva para empezar un post, pero como este no es un blog demasiado normal, puedo tomarme esta licencia (una vez más).

Y digo que soy un dejado porque generalmente suelo empezar mil cosas, tener mil ideas en mente pero no suelo llegar a materializarlas, siempre se quedan como bocetos en algún viejo cuaderno o quedan empezadas y nunca se llegan a terminar.

Quizá sea ese el motivo que me ha llevado a la situación en que me encuentro ahora mismo, una situación de insatisfacción personal y profesional;

Insatisfecho en lo personal porque a pesar de tener una vida estupenda, una mujer estupenda, y unos amigos que no me merezco, siento que tengo demasiados frentes abiertos y que no puedo atenderlos a todos, pero a pesar de eso tengo la insatisfacción de querer estar en medio de todo y no poderlo lograr.

La insatisfacción en lo profesional no es nada nuevo, es algo típico y recurrente, suelo tener ganas de romper con todo y salir corriendo, pero simplemente no puedo, no me atrevo, no se como hacerlo…

En definitiva, otra paranoia más de la típica noche de domingo en que no me puedo dormir, ni dejar de pensar en la semana que me espera, que no deja de ser otra semana más.

Extrañas añoranzas

Hay gente que me sorprende, gente por la que objetivamente no darías ni un céntimo y que descubres casi por sorpresa que tiene un trasfondo tan grande que podrían escribir un libro y dejarían al mundo anonadado.

Básicamente eso es lo que me ha pasado, hoy he tirado de facebook (sí, se que he criticado esta red social un par de veces, pero es que no deja de sorprenderme que tanta gente la utilice…) y he hecho una recopilación de compañeros de colegio. Algo sencillo, porque a la mayoría le sigo la pista en el mundo realâ„¢ y todos sabemos más o menos de la vida de los demás. Pero ojeando las fotos de uno de los que fueron mis compañeros me he encontrado con unas fotografías que bien podían haber sido parte de alguna localización de una película en la selva amazónica.

No voy a negar que me ha conmovido esas imágenes tomadas por la persona menos «normal» que conozco (y esto no es para nada despectivo, simplemente es una persona diferente) en medio de la selva amazónica, compartiendo con nosotros lo que ha sido el día a día de un viaje que le tomó casi un año (o puede que más) y que no me cabe duda ha sido uno de los viajes más alucinantes que se puedan hacer en esta vida.

Y claro está yo en mi casa calentito, viendo en mi monitor de 24″ unas fotos de la vida REAL en la selva hechas por alguien tan cercano a mí… no he podido por menos que sentir un vuelco en el estómago deseando haber podido estar ahí, haber compartido ese viaje, aunque sé en mi fuero interno que no lo habría soportado.

Hay una pregunta que viene a mi mente…

Cómo puedo añorar algo que no he vivido?

No, no lo llaméis envidia, tan solo admiración, pues es lo que siento por esa persona a partir del día de hoy.

A raíz de un comentario

A raíz de un comentario que acabo de dejar en el blog de mi amigo cortador (el cual aprovecho para recomendaros que lo visitéis) me apetece explayarme en la reflexión que he hecho alí y que a continuación reproduzco…

Como ya sabéis yo soy otro adicto al obturador, lo confieso, y resulta muy agradable ver cómo ha crecido esta afición, ahora ya no te ven como un bicho raro cuando vas con la cámara colgada a todas partes.

Pero no nos engañemos, esta popularización es un arma de doble filo porque veremos cómo las cámaras evolucionan a marchas forzadas, pero esta evolución nos llevará a que haya menos diferencias de un modelo a otro sin que eso se repercuta en el una disminución de los precios, que no nos engañemos, es lo que nos interesaría a todos.

Por otra parte hay algo que no cambia… el precio de los objetivos que en algunos casos roza lo absurdo por lo abusivo que se torna. Ahí es precisamente donde los fabricantes tienen su filón… crean un nicho de mercado cada vez más amplio y haces que todos quieran calidad. Y la calidad no pasa tanto por la capacidad en megapíxeles del sensor, sino por la calidad de las lentes con las que vas a disparar.

Otra mención especial se podría hacer sobre aquellos que se compran una reflex porque está de moda y los ves con su pisapapeles disparando en modo automático… una auténtica aberración.

Bueno, pues sigo ya aquí con mi reflexión…

Estamos de acuerdo en que a todos nos gustan las fotografías, todos vemos una foto bien hecha y se nos cae la baba con las maravillas que hace la gente, y como es lógico todos queremos intentar hacer esas obras de arte.

Pero hacer buenas fotografías no pasa por tener el último modelo de cámara, ni la cámara con más megapíxeles por milímetro cuadrado, para hacer fotografías ya no buenas, sino decentes, lo primero que hace falta es tener una parte de visión, una parte de técnica y luego ya viene el tener una cámara decente.

De nada nos servirá tener una cámara reflex de último modelo, por ejemplo una Canon EOS 5D Mark II (por hablar de la última presentada por Canon), si vamos a hacer las fotografías en modo automático (o en modo P). En éste caso lo que tendremos será una máquina comparable a un fórmula 1 la cual vamos a utilizar como si fuese un utilitario para callejear por la ciudad. Podrá hacer la función, pero la tendremos totalmente desaprovechada.

Partiendo de la base de que para hacer buenas fotos con una cámara normal nos sirve, pasemos a ver hacia dónde nos lleva la industria fotográfica.

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